Es difícil ser una mujer que escribe. Para cualquier escritor, hombre o mujer, la literatura es lo más importante de su vida, y la literatura no tiene cuerpo, las palabras no tiene colores ni formas. Pero las escritoras tenemos que pensar en estar bien vestidas todo el tiempo además de pensar en nuestros libros. Tenemos que pensar todo el tiempo en estar vestidas como mujeres. Ser mujer es igual que ser una travesti, o peor, porque al menos las travestis pueden exagerar, nosotras no; tenemos que ser discretas, arreglarnos pero que no se note demasiado… Pienso en las esposas de los presidentes, lo único que hacen los diarios es hablar de su look. Apenas sus maridos asumen el poder, salen cientos de notas sobre qué se pusieron para tal o cual evento. Y si de las esposas de los hombres más poderosos del planeta solo se dice eso… ¿qué nos queda a las mujeres comunes?, ¿a las escritoras pobres llevando adelante una guerra? Porque todas las escritoras llevamos adelante una guerra aunque no la entendamos bien.

Cecilia Pavón, “Todos los cuadros que tiré”.

Las letras, los libros y los cuadernos han estado presentes en mi vida desde que tengo memoria. Y, aunque me dedico profesionalmente a la escritura, soy firme creyente de que el escribir también es un medio de expresión artística.

En el siglo XXI, con el auge de las redes sociales, tenemos la presión de mostrar una apariencia perfecta. Retocamos imágenes, mostramos nuestras mejores fotos, publicamos nuestros momentos más felices, hablamos todo el tiempo de positividad… No hay lugar para los poros grandes, los desastres en las fiestas, las temporadas tristes de nuestra vida.

Y es así como pensamos que no vale mostrar nuestro lado más vulnerable. O acaso si lo mostramos, debe mantenerse dentro de ese paradigma de lo estéticamente deseable. Sumémosle la socialización patriarcal en la que crecemos las mujeres, donde se nos dice que siempre debemos ser y vernos impecables, y tendremos la fórmula perfecta para un síndrome de impostor, combinado con inseguridad, procrastinación y falta de constancia.

Por mucho tiempo esperé el momento perfecto para escribir. Hice mi blog hace ya bastantes años, pero esa falta de perfección me detuvo durante buena parte de mi tiempo para mostrar mi escritura artística. ¿Por qué? Porque no tenía un blog bonito, ni una bella foto para acompañar mis textos, o creía que no valía la pena hablar de temas que consideraba poco interesantes. Mi habilidad para escribir la puse al cien por ciento en mi trabajo como copywriter y descuidé mi lado creador. Cual casa abandonada, dejé la hierba crecer, la pintura caerse, y el polvo se acumuló en todos los rincones de mi creatividad.

No más: he decidido dejar a un lado el perfeccionismo que me ha sido impuesto por la sociedad, pero también por mí misma. Tal vez esta página no tenga el mejor diseño o la paleta de colores adecuada. Detalles tendrá y me esmeraré en darles su manita de gato. Qué más da la apariencia: lo que hago es comunicar con palabras y el mensaje escrito es lo más importante para mí.

El propósito, pues, de este espacio, es volcar mis ideas, creaciones y recreaciones. Podrán ser leídas por miles, o tal vez sólo por mí. Eso no es importante. Me doy por bien servida al vaciar mi mente de las ideas que rondan en mi cabeza. Las prefiero aquí, a que sigan dando vueltas a las 3 de la madrugada mientras intento, en vano, conciliar el sueño.

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