Mírenme, estoy orando

El fin de semana pasado platiqué con un amigo, al cual no había visto desde hace tiempo, sobre los acontecimientos de nuestras vidas, los de las amistades que tenemos en común y aquellos que suceden en el mundo actualmente. Como ambos tenemos una formación histórico-social, nos inquietaban los conflictos de los días pasados: ataques terroristas, guerras, bombardeos, muertes inocentes. Charlábamos sobre París, Palestina, las guerras mundiales… Y todo eso nos llevó a las redes sociales.

A raíz de los atentados realizados por integrantes de Isis en París, el mundo compartió imágenes alusivas a Francia como muestra de solidaridad, muchas de ellas con la leyenda #PrayForParis. Esto ocasionó otro tipo de reacción muy interesante: hubo quienes se indignaron por el apoyo a la comunidad parisiense y cuestionaron el hecho de “no orar por otros países”. En respuesta, circularon imágenes que invitaban a alzar plegarias por Siria y Líbano; y en un arrebato de egoísmo patriotero, algunos otros dijeron que debiéramos pedir por México y no por las otras naciones porque “Enrique Peña Nieto es un terrorista” (¿?). Un sector de internautas arremetieron contra los que oraban, diciendo que no servía para nada, que lo mejor era actuar y ayudar (aunque la mayoría de las veces, esos individuos tampoco hacen nada).

Al respecto, mi amigo me comentó algo que no me había puesto a reflexionar. “Se supone que la oración debe ser algo privado. No debería publicarse ni decir que uno está orando por un país u otro”. Sentí que se me prendió el foco: había dado en el clavo. Le dije que precisamente el mismísimo Cristo había hablado sobre eso, en Lucas 11:5-6 para ser exacta: “Y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. Más tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público”.

Con esto no quiero decir que no deba alentarse la oración, todo lo contrario, aplaudo el hecho de que se anime a la gente a hacerlo. Sin embargo, las redes sociales hoy en día se han vuelto una especie de alter ego, donde construimos apariencias que queremos que los demás perciban de nosotros. Queremos vernos con más atractivo, más religiosidad, más compromiso social que el que tenemos en realidad. Pero es curioso que precisamente nos acordemos de Siria cuando algo le sucede a Francia. Es común que mostremos indiferencia por México, pero cuando los ojos del mundo están sobre una tragedia en determinada nación, comentamos en notas periodísticas que aquí tenemos una situación igual o peor y nadie nos presta atención. Tristemente, murió también gente en Mali en un ataque a un hotel, pero nadie de quienes se jactaban de preocuparse por los pueblos “olvidados en las oraciones” dijo nada; quiero pensar que nunca abrieron su Atlas de Geografía Universal y desconocen dónde se encuentra este país (una pista: en África).

Si Jesús viviera en nuestra época, tal vez hubiera dicho “Cuando oren, no publiquen sus oraciones en Facebook o Twitter ni den a entender a los demás que están pidiendo por otras personas o países. En lugar de eso, vayan a su cuarto y oren, sin que los demás vean ni lo sepan”. ¿Qué es lo que buscamos realmente al decir que oramos o no oramos? Quizá logremos que alguien piense que somos personas piadosas o críticas, punto. Esa será nuestra única recompensa. Y no solamente aplica en la oración sino también en otras áreas de la vida, como cuando hacemos caridad. He leído que escriben “La gente que ora es hipócrita porque no hace nada; yo no oro y ayudo a los más necesitados”. Tantas publicaciones de ambos tipos de usuarios de internet me hacen cuestionarme si tendrá algún impacto lo que hacen. Probablemente. Pero no generará nada trascendente. Vale más lo que hacemos en secreto por el bien de la humanidad, porque será un acto genuino inspirado en la ayuda al prójimo, y no en la búsqueda de reconocimiento y admiración por parte de quienes nos rodean.

No podemos evitar el sufrimiento. Unos padecen por hambre, otros por la guerra, algunos más por inseguridad, gobiernos represores, violencia hacia las mujeres y niños, enfermedades, y la lista continúa creciendo. Oremos y ayudemos de corazón, buscando el bienestar de quienes están cerca y lejos de nosotros, no una alabanza para nuestra vanagloria y presunción.

 

 

ur5z0

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s