Diarios esporádicos

El primer diario que conocí, al menos de oídas, fue el de Daniela. Nunca ví la novela porque mamá no me dejaba ver novelas infantiles, pero mis amiguitas del kindergarten hablaban a veces de ella y la canción sonaba por  todos lados. En la primaria recuerdo haber leído algunos libros sobre diarios de personajes ficticios o personas anónimas que consumían drogas. Pero mi incursión en la escritura de diarios no fue exitosa.

Como a otras niñas, la idea de llevar un diario me parecía atractiva. Llegué a comprar un cuaderno pequeño con candadito, pero terminó siendo un album de recortes de Daniel Radcliffe, mi crush desde los 9 hasta los 11 años. Luego compré otro un poco más grande, rosa y sin protector de privacidad (sin candado, vaya). Terminó arrumbado y hasta la fecha lo conservo, con casi todas sus hojas en blanco.

Pasaba algo muy curioso cada vez que comenzaba a escribir. Durante unos días, me tomaba el tiempo para redactar lo que me pasaba. Después, me olvidaba de hacerlo. Luego, releía lo que había escrito, y me parecía absurdo, aburrido y sin sentido. Arrancaba las hojas y las tiraba a la basura. Y ahí terminaba mi temporada de “querido diario”. Comencé a creer  que no tenía caso dedicar tiempo a escribir mis vivencias personales, y así fue como abandoné  por completo el propósito de hacerlo.

El año pasado (quizá motivada por mi gusto por los cuadernos bonitos y las plumas de colores) quise romper mi idea que tenía sobre los diarios, y decidí volver a comenzar a escribir uno. Adquirí un bello journal, con pasta dura y separador, a un precio muy módico. Una pluma plateada y elegante me había sido obsequiada unas semanas antes, por lo que pensé que tenía el set perfecto para empezar. Era víspera de Año Nuevo, así que escribí mis propósitos y por unos días redactaba lo que considerara relevante. Pero cuando todo parecía color de rosa, mi procrastinación volvió a hacer de las suyas y todo quedó en buenas intenciones.

Recientemente volví a abrir mi journal, cuando ya había pasado un año de aquella vez que lo compré. Lo primero que leí fue mi lista de propósitos para el 2015. Me avergoncé mucho porque no cumplí casi ninguno de ellos, pero a la vez me sentí aliviada porque nadie más supo de ellos y no fueron publicados en mis redes sociales. En ese momento, sentí que se me prendió el foco y pude comprender lo que en mis años de preadolescencia no pude: un diario es precisamente para escribir todo lo que tienes en la cabeza, sin necesidad de divulgarlo. Es una especie de plática contigo, donde eres oyente y emisor de un mensaje a la vez.

El corto tiempo que utilicé mi diario anteriormente, lo usaba más que nada para desahogarme, reflexionar o plasmar mis más locas y divertidas ideas. Me puse a pensar qué hubiera sido de mí y de mi vida si el cuadernito con el candadito tuviera escritas mis inquietudes de niña de 10 años, en lugar de fotos de un actor que ya no me parece atractivo. Si el cuaderno rosa ya no tuviera hojas en blanco y fuera uno de mis recuerdos de la edad en que cursaba la secundaria, tal vez recordara cosas que hoy olvidé. Aprendí que un diario es un psicólogo portátil y gratuito, y si hubiera recurrido a él más seguido, es posible que aprendiera más de mis experiencias o errores al volver a releerlo días después y reflexionado en mis acciones, en lugar de tirar ese material de mi historia personal al bote de basura.

La buena noticia es que nunca es tarde para comenzar. En las últimas semanas he retomado esa costumbre, y me he dado cuenta que incluso es un pasatiempo que  puede tornarse artístico. Por ejemplo, me topé con algunas publicaciones en Pinterest, relacionadas con el bullet journaling, y sólo diré que mis pupilas se dilataron al ver tanta creatividad de quienes practican ese hobbie. Pero ya sea que se utilicen muchos colores o un simple lápiz, creo que no estaría nada mal que todos escribieran un diario. Un cuaderno con estilo y una pluma de tu color favorito es suficiente para poner manos a la obra. Y bueno, si nos ponemos a pensar, sería mucho mejor escribir algunas cosas en un diario que en nuestro muro de Facebook, ¿no creen?  Al menos así nos ahorramos vergüenzas futuras y no tenemos a nadie preocupado por nuestra vida, porque al final cada quién se ocupa de ella. Y qué mejor que escribir antes de actuar.

 

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2 comentarios sobre “Diarios esporádicos

  1. Yo nunca tuve un diario, pero si tuve agendas desde que estaba en secundaria. Y aunque las agendas me las regalaban para “organizar” mis tareas escolares terminaban llenas de frases que se me venían a la mente o pensamientos. Era mi Twitter de puerto jejeje y mis amigos tomaban mis agendas y dejaban sus mensajes también. Fue lo más cercano a un diario.
    Un blog nunca va a suplir a un diario por las razones que comentas. Y tienes razón: Todos deberíamos tener uno. En mi blog escribo cosas que rondan en mi cabeza y que transformo en un escrito. Como dices un diario serviria más para hablarte a ti mismo. Y creo que la sensación de escribir con tu puño y letra debe ser más sanador que un teclado.
    Un gustazo leerte de vuelta Marlen

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