Broncocultura

A finales del mes de julio, Jaime Rodríguez anunció que retiraría la estación cultural Opus de FM, para sustituirla con una propuesta “popular” denominada Radio Libertad. Más allá del autoritarismo con que el Bronco ejecutó dicha decisión, llama la atención su extraña definición de lo que significa cultura.

En su cuenta de Facebook, cuando el mandatario publicó el cambio que se haría en la estación de radio, se limitaba a decir que la cultura era “el conjunto de ideas, tradiciones y costumbres que caracterizan a nuestro estado”. Así lo expuso también en una infografía que fue publicada el 2 de agosto.

Estoy segura que Jaime Rodríguez utilizó la primera definición de cultura que se encontró para justificar (malamente) su decisión. Pero no sólo eso: también señaló que la “propaganda gubernamental es cultura”. ¡Vaya desfachatez!

Los debates sobre qué es y qué no es cultura ha inquietado por años a muchísimos antropólogos, sociólogos y científicos sociales en general. Sin duda las interpretaciones que cada corriente de pensamiento social da a la cultura no podrían ser explicadas en ésta columna, pero sí podemos distinguir una cuestión: hay distintos tipos de cultura.

Al escuchar Radio Libertad, cabe destacar que, aunque hay momentos en los que se incluye contenido que podría calificarse como cultural, éste se mezcla con música pop, rock y programas de autoayuda. ¿Transmite cultura Radio Libertad? Sí, pero no precisamente una cultura que cultive a quienes la sintonizan, sino que se enfoca en proyectar una cultura de masas.

La cultura de masas es aquel tipo de cultura que tiene como fin primero el lucro a través del entretenimiento. En general, la cultura de masas es muy atractiva para la mayoría de las personas, siendo altamente consumida por gente de toda edad, género y nivel socioeconómico. Su contenido casi siempre raya en lo superficial y no hace al receptor más reflexivo sobre lo que sucede a su alrededor. Es sólo diversión: no trasciende, no transforma y mantiene el status quo.

Una de las críticas que se le hacía a Opus era que transmitía cultura para unos cuantos, “esos” intelectuales que no representan a una mayoría. No obstante, la realidad es todo lo contrario: Opus hacía accesible la alta cultura y la ponía al alcance de todas las personas que tuvieran un radio. Opus permitió que todo tipo de personas conocieran lo que es la música clásica, el jazz, la ópera y otros géneros que no suelen ser de consumo masivo, pero que representan las tradiciones musicales de México y otras partes del mundo.

Cuando una sociedad tiene mayor acercamiento a las artes, se vuelve más sensible a la problemática social que la aqueja y más crítica con todo lo que acontece a su alrededor. Una aproximación pobre a las artes y humanidades, por el contrario, hace que una sociedad sea más propicia a la violencia y  la desigualdad, sin que siquiera llegue a cuestionarse el porqué de las cosas.

Ahora bien, si a la ciudadanía se le quita el acceso a un contenido cultural de calidad, y en su lugar se le proporciona un contenido de cultura de masas, estamos quitando la posibilidad de construir una sociedad más equitativa. Si a eso le sumamos la incorporación de propaganda gubernamental, la combinación resulta un desastre para desarrollar el pensamiento crítico entre la población.

Resulta aún más catastrófico si le añadimos un toque de discursos baratos de autoayuda, que acortan más la visión social de los individuos y los señala a ellos como los únicos responsables de lo que pasa en su entorno, sin siquiera apuntar a los aspectos sociales, económicos y políticos que influyen en la situación que vivimos. Todo ello propicia que se siga reproduciendo el sistema, ese mismo que ha impedido a la sociedad exigir más de sus gobernantes y crear verdaderas redes ciudadanas que generen un cambio de raíz.

Nuevo León no necesita más cultura de masas. Suficiente teníamos con la programación local de radio y televisión, cuyas deficiencias se han señalado miles de veces. Es urgente que se tenga mayor acceso a una cultura que cultive a sus ciudadanos, los vuelva más alerta de las problemáticas sociales y más sensibles a lo que acontece en su comunidad. Eso no se logrará entorpeciendo esfuerzos realizados por años para que la cultura llegué a más personas. Pero al parecer, las palabras de Vasconcelos siguen resonando hasta nuestros días: “la cultura termina donde empieza la carne asada”.

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Créditos de la imagen: Broncowave, publicación del 23 de mayo de 2017.

2 comentarios sobre “Broncocultura

  1. Muy de acuerdo con lo que dices; evidentemente el Tío Bronco no sabe ni qué decir para imponer decisiones cuestionables… Esperemos que éste sea solamente un caso único que no vaya a repetirse. Esperemos.

    Un abrazo.

  2. Me impresiona tu grado de involucramiento con las cuestiones sociales. La cultura de masas es un reflejo de la zona de confort donde ha caido la sociedad. Que bueno que aún hay gente activa y alerta a la tematica social. Sigue escribiendo MeliMar.

    Vas por muy buen camino.

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