Hace unas semanas me prestaron “30 steps to becoming a writer and getting published”, de Scott Eldestein. Admito que  sólo he leído los primeros capítulos, pero uno de los pasos clave que menciona es el de utilizar un cuaderno para escribir las ideas que tengamos. Así que tomé una libreta de tamaño francés que había dejado de utilizar y la convertí en mi cuaderno de escritora.

Dicho cuaderno lo llevo dentro de mi mochila y en ocasiones, mientras estoy trabajando o en un café, se me ocurre alguna idea que pueda desarrollar a futuro y la anoto. A veces termino escribiendo un párrafo de lo que podría convertirse en un post para mi blog, o una frase que más adelante publico en mi cuenta de Twitter. No logro desarrollar todas las ideas, pero cuando las anoto al menos me aseguro de no olvidarlas, con la esperanza de que un día se conviertan en un texto que quizá se vuelva una lectura amena y digna de publicar.

Llevo  más de un año siendo copywriter, y algo que he experimentado (y que además he visto que es común entre las personas dedicadas a algo similar) es sentirme agotada mentalmente, como si toda la creatividad que tengo fuera absorbida por completo. Imagino que mi cerebro es exprimido como un limón, y que al llegar a casa y sentarme a escribir algo para mí, no me queda “jugo” para realizarlo, por lo que decido hacer mejor otras actividades que, aunque me relajan, siento que son poco provechosas.

Ya sea por falta de organización, procrastinación o simplemente por tener la mente en blanco, había abandonado algunos proyectos personales desde que comencé a trabajar. Dejé de enfocarme en mi tesis, aplacé más de un año escribir en mi blog, comencé a tuitear con menos frecuencia de la que tenía anteriormente y olvidaba actualizar mi diario íntimo. Claro que esos proyectos no me generaban ningún incentivo económico, pero no hacerlos me causaba una enorme infelicidad e insatisfacción.

Hasta hace poco tiempo, caí en la cuenta de que era importante utilizar mi creatividad no solamente para cuestiones laborales, sino para mi propia realización. Y a fin de cuentas, el bienestar que lograría al autorrealizarme iba a reflejarse en otras esferas de la vida. Mi cuaderno de escritora me ha servido para ir recuperando esa parte de mi existencia que había relegado por otras “prioridades”. No digo que fue un cambio que se dio (ni se dará) de la noche a la mañana, pero son pequeños pasos seguros que, sin duda, me han ayudado a ser consciente de que mi creatividad para fines personales es también una prioridad.

He visto a gente creativa (sobre todo aquellas dedicadas al ámbito de la mercadotecnia y publicidad) expresar sentirse de la misma manera. Pero pocos son los que siguen cultivándose leyendo, escribiendo, coleccionando cómics, visitando museos, pintando o haciendo cualquier otra actividad para ellos o ellas mismas. Trabajar en ese rubro es muy absorbente no sólo en cuestión temporal, sino también mental. Por ello, considero importante tener un balance entre el desenvolvimiento creativo para fines de recreación y para fines profesionales.

Si tú también eres una persona creativa, te aconsejo que no abandones tus metas propias. Toma hoy mismo tu cuaderno para escribir, dibujar o anotar otras ideas. Puede que más adelante las desarrolles, o tal vez las vas a desechar. Pero el tenerlas plasmadas ahí te ayudará a sentirte mejor, refrescará tus ideas y renovará tu energía para crear. No hay mayor satisfacción que contemplar un trabajo creativo que hiciste por ti y sólo para ti.

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